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Boletos del Grand Prix

Rants on the prices and experience of racing cars’ events.

Me llegó un correo de no sé dónde ni por qué, sobre los últimos boletos del Grand Prix, como si me hubiera suscrito algún día a algo así. Guardé la imagen y pensé en escribir algo al respecto, y éste es el resultado.

Sé que la respuesta a algunos de mis cuestionamientos es, como decía mi tátara tátara abuela, antes de morir:

En gustos, se rompen madres

Sabia y poderosa era mi tátara tátara abuela. Pero aquí van mis pensamientos:

¿Por qué paga la gente por ver una carrera? Entiendo los fanáticos del basketball, del tennis… incluso fútbol, pero ¿una carrera? No únicamente de carros, puede ser de personas también o caballos, pero creo que especialmente los de automóviles.

Obviamente, no es un deporte (¿se le considera deporte?) del que yo sea fanático, pero… esperen, de hecho no soy fanático de ninguno… pero el hecho es que, aún si lo fuera, no le veo tanto chiste el ir a ver la carrera a pagar un dineral a un lugar de estos, como los que aparecen en la imagen:

Locaciones disponibles para Grand Prix

Me parece extraño.

Quizá si hubiera un lugar, una enorme y alta torre (o sobre un helicóptero o drón) desde donde se pudiera ver todo el circuito simultáneamente, quién va dónde, quién se estrella en qué lugar, quién va a la cabeza, incluso con algún lente de realidad aumentada (¿Google Glass, alguien?), que te de información del que va a la cabeza y cosas así, ¿pero estar sentado en un lugar donde tu corredor favorito pasa a gran velocidad y en segundos dejas de verlo?

A la mejor es similar al estadio, donde a veces la gente acude a las afueras, cuando es un partido tan concurrido y caro que no alcanzó boleto, y va al “ambiente”, a alcoholizarse, a echar desmadre y hacer fiesta en el contexto del evento.

Pero aún así me parece algo muy extraño, probablemente pretencioso. Si el dinero no fuera problema, y tuviera todas mis prioridades cubiertas, aún así pensaría en otros lujos no-indispensables para tirar el dinero, antes que en una corrida (o como se llame) de Grand Prix.

Puede que la gente opulenta (y/o hipster y/o egocéntrica) encuentre mis quejidos bastante absurdos, aunque habrá algunos otros verdaderos fanáticos de este arte/deporte/ciencia (o lo que sea), que no concuerden con mi punto de vista.

Y hay que tener en cuenta que no estoy criticando esta disciplina en sí, de la que en realidad no tengo nada en contra, si no la experiencia limitada de ver un auto (de carreras) pasar lo más rápido que le es posible frente al espectador, y que esta experiencia, sólo para poner un contexto, puede costar (acabo de hacer una búsqueda en tickets.formula1.com) hasta 3,800 dólares (USD). Eso es, al tipo de cambio de hoy (gracias gringos rednecks por su elección xenófoba), 80,000 pesos.

Insisto, existe gente que no le preocupe gastar esto y más en ello pero, me cuesta creer que aún teniendo plata en exceso, encontraría oportuno el “invertir” tanto dinero en una experiencia que considero tan pobre.

Para ser justos, pondré también el otro extremo, el límite inferior en los costos del evento: 327 dólares. Aún así, no considero que los valga. Si fuera un concierto de alguno de mis artistas favoritos, en el que estuviera en primera fila, en un evento especial, solemne y único, que será grabado en vivo y además tendré fotos y autógrafos con la banda, pues sería más sencillo gastar 7,000 pesos, ¿pero un auto a gran velocidad? Preferiría verlo en televisión.

Por favor, siéntanse libres de diferir: ésta es mi muy personal y humilde opinión y seguramente es equivocada.


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